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De la mesa de su casa al arco de Peñarol

Por Martín Abreu…

…»Puedes tener 92 minutos de excelencia, pero vas a descolgar un centro, lo haces mal y te convierten, lo realizado de buena manera anteriormente no sirve de nada. Es un puesto difícil. Mucha soledad, se viste diferente, disfruta solo, por ejemplo a la hora de un gol a favor. Son muchas cosas que determinan que el golero es una raza diferente en el fútbol»…

Definición precisa de Fernando González, el santalucense que ya retirado como jugador continúa muy cerca del arco, puesto que eligió desde muy pequeño «Según mis padres, en el 87 con Eduardo Pereyra y en el 88 con Jorge Seré fue que comenzó mi pasión. Tenía cinco años, abajo de la mesa armaba un arco y me tiraba la pelota para volar como un arquero. Cuando llegué a Empalme en baby fútbol intentaron llevarme al mediocampo, pero a mi me gustaba el arco».

La otra cara del fútbol la disfrutó en su Wanderers de Santa Lucía «Jugaba con todos mis amigos, formamos un grupo precioso. Era lindo agarrar la bici e ir a entrenar»… Sus buenas actuaciones con el Bohemio lo depositaron en la selección de Canelones. Ese combinado juvenil dirigido por Sergio Delgado, acompañado de Héctor Zunino y el «Tero» Saldombide.

«Son recuerdos hermosos, porque teníamos un muy buen plantel y un gran cuerpo técnico. Fuimos vicecampeones del interior. Hoy en día tenemos un grupo, una relación bárbara y con continua conexión»… Además, en ese momento, la influencia de Jacinto Callero, su entrenador personal «Salía de la escuela o liceo y me iba a Canelones. Me enseñó mucho».

El sobresalir bajo los tres palos lo acercaron a la capital y Los Aromos pasó a ser su nueva casa deportiva… «Vinieron a ver a la selección sub 15, me observaron y me llevaron. Mucho tuvo que ver también el Profe. Russi». Fue recién el primer paso hacia el objetivo final, pero no fue nada fácil cumplirlo. Los resultados más que claro lo dejan:

«Mario Saralegui fue mi primer entrenador. De ese plantel nadie llegó a primera conmigo. Al tiempo tuve de compañero a Ángelo Paleso»… Adaptación a un camino con variantes, como suele ser el pasar del interior a Montevideo… » Otra competencia, otra mentalidad, otro fútbol»

González, hizo un paréntesis en su etapa por juveniles antes de ingresar al día esperado «En tercera ganamos todos los clásicos que jugamos. Eso me llevó a tener un respaldo a la hora de subir»… Fue Diego Aguirre quien le cumplió el sueño del pibe. Aquel 2 de noviembre de 2004 no se borrará de su mente.

«En ese momento era el tercer golero de primera. Vino Diego y me dijo que iba a jugar. Se me pasaron muchísimas cosas por la cabeza. Le ganamos 2-1 a Cerrito en el Estadio Centenario con goles de Pizzichillo y el «Cebolla»... Su carrera, con mas o menos minutos de los deseados, se centró en Peñarol. Una época donde el puesto quemaba. Siete años allí.

«Que gran parte de mi carrera haya sido en el club fue espectacular. Muchas vivencias con compañeros y el personal. Otro mundo a lo que estaba acostumbrado, era un sueño. Si bien conté con la posibilidad de ir a otros equipos, preferí quedarme. Podría haber tenido más minutos pero no me arrepiento. Hasta el día de hoy me reconocen y eso es lo importante para mi».

Su única salida fue de Los Aromos al Prado, por una temporada para defender la valla de Wanderers «Gustavo Matosas no me iba a tener en cuenta y en el Bohemio estaba «Tito» Goncálvez, quien fue mi técnico en tercera»… Sobre dicho pasaje, recordó:«Fue muy lindo. Jugamos pre-Libertadores ante Cienciano de Perú. Compartí con Gerardo Alcoba y Mathías Corujo, que al poco tiempo los tuve de compañeros en Peñarol. Pude observar otras realidades, pero sinceramente me encantó la experiencia».

En 2010 obtuvo su primer y único título Uruguayo con Peñarol «A pesar de haber contado con poca participación, cumplimos el objetivo de un equipo grande. Entrar hoy a Los Aromos, mirar los cuadros y estar ahí es un sueño de siempre»… Con 26 años y al finalizar contrato en 2011 con el Carbonero, aún siendo joven para su puesto, recibe una tentadora oferta de Diego Alonso:

«Cuando el «Tornado» asumió en Bella Vista me llamó para saber si iba a seguí jugando. No pensé dos veces su propuesta y acepté. Me gusta ver la evolución»… Un reto que venía trabajando…»No me tuvieron en cuenta en mi última etapa en Peñarol, entrenaba con juveniles. Cuando faltaba el entrenador de arqueros, Hugo Quevedo, los entrenaba yo. Siempre me gustó formar y entrenar arqueros»...

Mucho tiempo fue entrenado por «Chiquito», que en realidad fue gigante. Nada más y nada menos que Ladislao Mazurkiewicz, leyenda del fútbol uruguayo: «Por mi edad no lo llegué a ver, pero si por los cuentos de mi padre y abuelo. Tener a ese monstruo día a día a mi lado fue espectacular»… Lo primero en su nuevo rol se dio en el «Papal», luego Guaraní y con Alonso volvieron a Peñarol.

«Luego de Paraguay fue que surgió la posibilidad. Fue corto el pasaje porque no nos fue muy bien»… Actualmente se desempeña en Racing, tanto en juveniles como en primera división, dependiendo del cuerpo técnico en función.«En 2014 me incorporé a esta institución, estaba Mauricio Larriera como director técnico.

Fernando González, culminó hace varios años el curso de entrenador, pero no es su desvelo «Lo finalicé en 2015 e hice varios cursos FIFA de goleros. Realmente no me veo como técnico, tal vez por mi forma de ser. Me gusta entrenar arqueros, esa es mi pasión, pero nada se descarta». Años atrás, trabajó en Darling con Méndez «Estuve un año y la experiencia me encantó. Peter, Richard Clavijo, Nacho, el presidente. Iba una vez por semana. El estar en Montevideo te quita mucho tiempo».

Finalizando la entrevista, Fernando González recordó y nos deleitó con el duelo y la apuesta que le ganó a José Luis Chilavert en 2003, cuando el reconocido guardameta paraguayo jugó en Peñarol «Estábamos en cancha de la fuerza aérea, amistoso entre primera y tercera. Finalizado el entrenamiento solicita al golero de tercera, que era yo, y cinco jugadores para armar una barrera. Imaginate lo que era eso, lleno de cámaras».

Si bien no empezó la de mejor manera, el final fue feliz «Empezó a tirar tiros libres y realmente era imposible En un momento me dice «Voy a patear cinco tiros más, si te hago dos goles vos me das tus guantes y sino yo te doy los míos». Empecé a volar para todos lados. No me hizo ningún gol. Vino, me abrazó y me dio el premio».

Una vida bajo los tres palos, en Peñarol y con experiencias inolvidables. Hoy, a sus 37 años y en su Santa Lucía, el sueño continúa. Fue claro cuando expresó que «Ahora del otro lado del mostrador».

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